Lo que aportan los ejercicios del Método Resonancia



1. Comprensión del cuerpo como unidad. En el Método Resonancia se entiende el cuerpo como unidad. Esto significa que el movimiento en una parte del cuerpo afecta directa o indirectamente al resto del cuerpo. Similar a un móvil (de los que se encuentran en una habitación infantil), si se mueve una pieza, todas las demás piezas se moverán en reacción. Este tipo de movimiento lo llamamos „integrado independiente“. Por ejemplo, un violinista mueve el arco con el brazo derecho, dejando que reaccione el torso, las piernas, etc. El ejemplo opuesto sería una violinista que mueve el brazo derecho isolándolo del resto del cuerpo: fijando el torso o bloqueando las rodillas. Este tipo de movimiento hace que la respiración se corte. Este es un ejemplo de organización técnica en oposición a organización orgánica del cuerpo.

2. Relajación. Un tema muy popular en la pedagogía musical. Aunque el Método Resonancia no trate solamente de relajación, es un resultado de la práctica regular de los ejercicios. ¿Por qué es favorable? Los músculos son activados mediante impulsos cerebrales. Se contraen mientras están en uso. Sin embargo, para aflojar esta contracción no existen señales cerebrales. Si la persona no relaja el músculo por si misma, ha de haber una señal consciente que se haga cargo. Sin embargo, esta señal no consiste en decirse a sí mismo „relájate!“, como piensan muchos. Eso no sirve de nada. Uno no se puede relajar solo. Nos relajamos cuando descansamos el peso hacia el suelo o silla, hacia la superficie con la que estamos en contacto. Y esto es lo que se entrena mediante los ejercicios: la relajación en cooperación con una superficie.

3. Fuerza muscular. ¿Alguien de vosotros ha estado alguna vez en un pantano? ¿E intentado salir por cuenta propia? Uno no puede sacarse a sí mismo de unas arenas movedizas. De hecho, cada movimiento hace hundirse más en ellas. ¡Situación sin salida! Me gusta usar este ejemplo, y de hecho le pasó a una alumna mía. No podía salir de un pantano. Y su amigo la rescató. Ello fue posible porque se pudo apoyar en una superficie que era más sólida que su cuerpo. Las superficies tienen esa cualidad de que nos ayudan a desarrollar fuerza si las usamos de apoyo. Me refiero al suelo, a la silla, y al fondo de la tecla. Realizando los ejercicios conscientemente, combinando la sensación de peso con la superficie, los músculos van a desarrollar fuerza en ese momento, y como consecuencia, van a desarrollarse en su capacidad de crear fuerza. Cuanto más grande la superficie de contacto, mayor la oportunidad de relajarse y obtener fuerza.

4. Complejidad de movimiento. Al realizar un movimiento (por ejemplo: levantar una pierna sintiéndo su peso), todos los músculos trabajan conjuntamente de manera muy compleja. En nuestro ejemplo de la pierna, reaccionan los músculos de la barriga, los de la otra pierna, etc. No es necesario entender exactamente cómo funciona, pero se puede notar que todo el cuerpo, de hecho, está implicado de manera directa o indirecta. Las contracciones musculares tienen mucho que ver con nuestras proporciones y nuestro peso. No pueden y de hecho no deben controlarse solamente por nuestro intelecto, pues queremos establecer orgánica y no técnica. Es un entrenamiento muscular diseñado específicamente para nuestra forma corporal individual. Un entrenamiento muscular que no tome en cuenta el peso propio, bien puede darnos fuerza. Sin embargo, entrenar ciertos grupos musculares de manera parcial conlleva a largo plazo una sobrecarga y un empobrecimiento del complejo aparato motor. Como músicos no sólo necesitamos fuerza, también necesitamos sensibilidad en los músculos para dar diferentes matices de sonido. Por eso, el entrenamiento con pesas no es favorable para músicos. Al sentir el peso, se van entrenando todos los músculos mediante movimiento.

5. Favorecen la respiración. Hay dos aspectos: el movimiento de balance facilita la respiración libre. Se puede comprobar sosteniendo un atril de manera horizontal con una mano, en su centro gravitatorio (del atril, se entiende). Se toma desde arriba el atril y lo mueve arriba y abajo, el atril siempre en posición horizontal. Observar la respiración. Luego, se toma el atril de la misma manera, esta vez a unos 20-30 cm alejado del centro gravitatorio, e intenta realizar el mismo ejercicio, es decir: mover el atril arriba y abajo. Se notará seguramente un cambio en la calidad de la respiración. El movimiento equilibrado (desde el centro gravitatorio) hace que la respiración se abra. Imaginaos ahora, qué pasaría si moviéramos nuestro cuerpo de esta manera en balance, cómo va a abrir nuestra respiración. El otro aspecto que favorece la respiración es establecer una nueva costumbre: el no cortar la respiración durante un movimiento. (No os dijeron nunca en clase „es que no respiras“? A mí muchas veces!) Así, los ejercicios son un recordatorio a dejar la respiración libre, hasta que ello esté integrado en uno mismo y no necesite recordatorio. Entonces, los cambios y los movimientos ocurren con la respiración abierta.

6. Presencia. La percepción del espacio alrededor de uno es un elemento intrínseco a la presencia en el escenario que se puede practicar mediante los ejercicios. Percibir el espacio alrededor quiere decir que en el movimiento uno percibe el espacio alrededor, o lo hace sólo para sí mismo. Las ondas sonoras se propagan de manera esférica alrededor de la fuente de sonido. Por ello, nuestros movimientos pueden tener una cierta redondez, y nuestra percepción no puede ser demasiado concentrada. Podemos implicar toda la sala mientras levantamos el brazo. Algunos profesores lo llaman „presencia“ – yo creo que presencia es algo innato en cada persona y que hemos desaprendido con los años. Con los ejercicios podemos re-entrenar presencia, y no sólo para el escenario.

7. Movimiento musical en el día a día. Defino movimiento musical como un movimiento equilibrado y con cierta sencillez, sin esfuerzo alguno. Podemos cortar el pan con el brazo tieso, o podemos sentir el peso de nuestro brazo y el cuchillo en nuestra mano y hacernos el cortar el pan una actividad más fácil y, por qué no, más bella. Adivinad qué ocurrirá con nuestra respiración. El fin de los ejercicios es la internalización del movimiento equilibrado, de forma que no estemos pendientes mientras tocamos, de cómo hemos de mover el brazo. Otro fin es moverse musicalmente durante todo el día, no sólo cuando se toca su instrumento. De esa forma, se llega al escenario y no ha de hacer nada especial, sólo moverse como durante el resto del día.

8. Se estudia más rápido. Sí, porque como muy tarde ahora la mayoría estais pensando, „no tengo tiempo para más ejercicios, tengo un tocho de música que tengo que estudiar hasta tal y tal“. Lo entiendo. A veces también me pasa. Aunque, si habeis leído hasta ahora, habréis podido haceros una idea de cómo afectan estos ejercicios a los músculos: se dispone libremente sobre tensión y relajación. Ello aporta tal claridad corporal que se alcanza más rápido el objetivo del estudio. Hablando en plata: el tiempo de estudio se acorta.

Los ejercicios del Método Resonancia se pueden aprender en talleres, cursos, clases abiertas y sesiones individuales.

Una vez se ha aprendido una tabla de ejercicios, se puede empezar practicándolos diariamente por unos 15-20 minutos antes de estudiar. Y luego observar lo que cambia a lo largo de las siguiente semanas. El efecto más grande se obtiene practicando los ejercicios diariamente, durante un mínimo de 6 meses. Es una herramienta a largo plazo, y tras 6 meses los cambios serán muy evidentes. Los músicos que los practican cada día no quieren pasar sin. Los músicos que no los hacen dicen que no sirven para nada. Os invito a haceros vuestra propia experiencia.

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